Padre Juan Carlos Meinvielle

Padre Juan Carlos Meinvielle

EL PECADO Y LA MISERICORDIA
Este Evangelio nos muestra los dones que nos trae Jesús resucitado: la paz, el perdón, el Espíritu y la comunidad.

Dios es misericordioso, porque perdona nuestros pecados y nos da la paz. Nos hace reconciliarnos con Él y con nuestros hermanos, con la comunidad.
El mundo de hoy perdió el sentido del pecado, porque es un ser egocéntrico, que no se siente en relación con Dios, con el prójimo, con el mudo y con la naturaleza. El que no se siente en relación con Dios, no entiende lo que es el pecado.

Pero el que cree que sólo es pecado lo que lo que ofende a Dios y perdió el sentido de la relación con el prójimo y la comunidad o con la naturaleza y con el mundo, tampoco sabe lo que es el pecado. No saben dar y recibir perdón de los hermanos. Por eso la relación con Dios la viven con culpa y como un peso insoportable. Creen que no tienen ningún pecado, pero les pesan los problemas con el prójimo y no se dan cuenta que eso también toca a Dios y por eso también se sienten mal, sin saber por qué.

Pecado no es sólo lo que se refiere a la religión o a la liturgia. Nada ofendería a Dios, si no ofendieran a su imagen que es el hombre. La envidia, los celos, la mentira, la violencia y la falta de perdón, son pecados que ofenden a Dios, porque van contra su imagen y creatura más querida, su hijo y contra la sociedad.

El mayor don que podemos ofrecer a Dios, es a través del per-don al prójimo. Jesús le hace tocar su llagas a Tomás. Las llagas de Cristo, son los pobres y los que sufre. Jesús es misericordioso porque cura nuestras llagas y nos manda ser misericordiosos con los demás, teniendo “corazón con sus miserias”.